21/5/09

Vive la Résistance

Salía de un bar de Bayona. Su enfermedad degenerativa no estaba tan avanzada, y todavía podía moverse sin silla de ruedas, con dieciséis o diecisiete años. Cuatro chicos estaban a la puerta, y se rieron de él cuando escucharon su forma de hablar. Mi padre, que veraneaba allí, pasaba cerca, y lo defendió. Los dos acabaron hechos migas, pero al menos quedaron como buenos amigos. O al menos así dice mi padre que fue.

No es fácil tener un mejor amigo tan bueno. 

Vivió en Madrid y, durante muchos años, una vez al año (siempre el fin de semana en el que el Madrid jugaba en Zorrilla), quedaban en Segovia. Mi padre iba en coche, él en tren. Ahí comían y venían a Valladolid. Él, año, tras año, hacía la misma broma: Cuando el camarero venía a ver qué querían, decía: "Una ración de jamón... Queso... Calamares... Un pulpito... Bueno, no, mira, nada de eso. Mejor cochinillo para los dos". Se quedaba en nuestra casa todo el fin de semana, que remataban con ir al fútbol. Yo lo conocí uno de esos fines de semana. Me encantaba su pijama. Era muy suave. Ahora creo que eso era sólo una excusa que creó mi subconsciente para abrazarlo sin motivo por el pasillo.

Cuando volvió a vivir a Bayona murió su padre. Le dejó la casa en usufructo hasta el día de su muerte. Creo que por eso sus hermanos le odiaban. Se quedaron sin herencia. Allí volvió con todos sus amigos de la juventud. Mi padre los visitaba una o dos veces al mes. Nunca volví a verlo.

De vez en cuando llamaba por teléfono. Creo que es la única persona que me conoce por terceros que nunca me confundió con otra persona. Nuestra conversación era siempre la misma:

- ¿Sí?
- ¡José!
- ¡Hola, Alfonso!
- ¿Está tu padre?
- ¡Sí, ahora se pone! (o "No, le digo que te llame")

Sólo eran segundos, pero eran segundos felices. 

Espero que, vaya donde vaya ahora, sea tan feliz como nos ha hecho a nosotros.


Descansa en paz, Alfonso.

2 comentarios:

Jokin dijo...

Gran historia.

... dijo...

Nunca tan pocos detalles de una persona dijeron tanto. No hay mucha gente de la que se puedan decir esas cosas que te ponen la carne de gallina. Allí donde esté, estará dejando huella como la que ha dejado en ti.
Gemma